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Amistad. No te preocupes, la del problema soy yo.

Tan hermosa como las palabras familia y amor es la palabra Amistad. De los amigos  se dicen son los hermanos escogidos por voluntad y de ahí que los lazos con un verdadero amigo sean tan fuertes y duraderos.

Un amigo es aún más cómplice que tu propia familia, un amigo te ayuda aunque no comparta tu mal comportamiento, un amigo te tolera tus deslices, tus descuidos, tus olvidos. Un amigo te saca del fango, te recupera, se aburre contigo si es del caso, sufre tus desgracias y disfruta tus alegrías. Un amigo crece a tu lado, es generoso y llega a hacer cosas que no quiere por solo verte feliz. Un amigo se compromete contigo y también se sacrifica.

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Historia de un taxista: Mi hijo es inocente

Un señor muy amable es el que me tocó el día de esta historia. La conversación comienza con el cambiante clima de Bogotá. Cuando se espera un inclemente verano por causa del Fenómeno de la Niña, ha estado lloviendo en la capital colombiana. Luego hablamos del tráfico (otro tema intrascendente), que ese día en particular estaba “flojo” por todo lado, siendo día de semana y con regreso de la gente de sus vacaciones.

En algún punto del recorrido él recibe una llamada, menciona la palabra abogado. Cuando la termina, me dice: “Sumercé linda, es que me estoy bebiendo el trago más amargo de mi vida”. Dudo por un momento si seguir interrogándolo, el augurio de semejante frase, seguramente no me revelaría nada bueno. “La vida es difícil y nos pone a prueba a cada rato”, le dije, mientras me decidía si continuar. Mis dudas se daban porque sufro mucho con las situaciones tristes de los demás, me perdura más del tiempo normal el recuerdo de una mala circunstancia vivida por alguien,  pero opté por seguir.historia-de-un-taxista-mi-hijo-es-inocente

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Historia de un taxista: trabajo por convicción

Cada vez se me hace más difícil encontrar un taxista que trabaje en Bogotá con verdadero agrado. Que a pesar del caos y toda la congestión, sepa amoldarse a la situación y ofrezca un servicio respetuoso y cálido. A muchos les gana la ciudad y su gente.

Muchos están ahí porque han perdido su trabajo o porque han tenido accidentes en las poco decentes carreteras del país cuando trabajaban como camioneros. Muchos no tienen carro propio, por lo que deben cumplir un horario y pagar una cuota diaria, “el producido”.

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Historia de un taxista: El Asbesto

Bueno, quizás lo ideal sería iniciar un blog personal contando en el primer post sobre sí misma: quién creo que soy, que hago, de dónde vengo y para donde voy, pero al menos por ahora (o por hoy), me mantengo apática a las presentaciones. Como quien dice: que las letras hablen por mi y vayan revelando mi cotidianidad, que mi inspira, que me entristece o que me hace feliz.

Desde hace bastante tiempo vengo con la idea de escribir sobre las historias que me cuentan los taxistas. Soy consumidora casi a diario de este servicio y como buena conversadora, me gusta interrogarlos. Retengo en la mente, o guardo en apuntes de mi celular, datos curiosos que ellos me dan. Mi esposo es el oyente (obligado) de mis relatos.

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