El duelo – ¿Qué sabes tú? ¿Qué sé yo?

Mi cuñado falleció por causa de un cáncer el pasado 3 de mayo y desde entonces vivimos un durísimo duelo con mi hermana.  Desde entonces parece que entramos en un universo paralelo donde el tiempo y la cotidianidad transcurren de forma diferente.

Todo casi que está dicho y escrito en torno a la muerte y cómo manejarlo para quienes nos quedamos en este plano tolerando una ausencia que al paso del tiempo pesa, pesa mucho, pero nada puede describir con cercana realidad lo que se vive en la práctica. El dolor es inmenso y ver sufrir a un ser amado porque su pareja, el amor de su vida, su compañero, cómplice y confidente, su todo, ha partido es una tortura.el-duelo-que-sabes-tu-que-se-yo

Es muy lindo, aliviador y conmovedor la solidaridad que este tipo de golpes de la vida despierta en tanta gente, personas incluso que no hacen parte de tu círculo cercano que se acercan con una idea, con una ayuda, con mensajes espirituales, con obsequios de todo tipo, en una forma sincera de aliviar el dolor, pero también es difícil tolerar a quienes con aires de superioridad dicen comprender lo que uno vive. Es difícil tolerar su frialdad y su claridad tipo sensei (que siempre me cuesta creer). “Todos nos vamos a morir de alguna forma”. ¡Eso es una obviedad! “Las personas con enfermedades graves están mejor en el cielo, descansan ya”. ¡Demos gracias al Señor! Sin duda, pero ahora vívalo usted. “El dolor de una esposa es menor que el que siente una madre”. ¿Y usted qué sabe de esos sentimientos? El amor verdadero hacia la pareja es tan único, real y profundo que siempre he creído que se compara, SÍ, al de una progenitora. “No llores, él está mejor allá”. ¿De verdad?

La gente en su afán, no sé, de opinar, de estar, de hacer presencia, se esfuerza por aconsejar sin reflexión, pensando más en lo que se aconsejarían a sí mismos, que lo que el otro necesita realmente escuchar. Yo lo comparo con aquellos que regalan cosas según su gusto propio y no se detienen a pensar que lo mejor es dejar contento a quien regalas.

Viviendo esta etapa que nunca nos imaginamos vivir – sí, ni aún con los peores pronósticos usted se prepara para la partida de un ser amado -, he optado por acompañar en silencio con todo mi compromiso amoroso y disposición. Silencio que se corresponde obviamente a mi ignorancia y a la impotencia por querer sanar el dolor, pero también porque me parece más respetuoso, porque interpreta mejor la falta de respuestas claras y satisfactorias que uno puede tener. El acompañamiento, el silencio cómodo y el tiempo creo que son el camino para vivir un duelo que seguramente seguirá en nuestros corazones y en el alma de mi hermana hasta el último día de nuestra existencia.  “Ya irá pasando, ya el dolor desaparecerá”, dicen algunos con cambio de voz a un tono dulce. Yo no soy de ese tipo de consejos y frases prefabricadas porque el duelo no es borrar y el olvido no es una opción. ¿Para qué las falsas expectativas? El dolor se transformará probablemente, pero nunca desaparecerá, aprendemos es a convivir con él y seguramente en 40 años seguiremos recordando como ayer su partida, lo lloremos cada cumpleaños, revivamos con muchísima nostalgia sus anécdotas y sigamos añorando su retorno por algún mágico milagro.

Viviendo esta etapa de duelo que lleva tan poco tiempo, me siento imposibilitada para sacar conclusiones, pero lo que sí sé es que las palabras ligeras, frívolas, de cortesía y vacías, están muy lejos de aliviar y consolar al doliente.  Qué sabe usted, qué sé yo de lo que siente en lo profundo de su alma y corazón una persona. Como casi todo en la vida, cada parto es distinto y así mismo lo es con la muerte. Como casi todo en la vida la prudencia y el aquietar la lengua  es el mejor consejo.

A mi cuñado, mi amor y mi agradecimiento eterno por darle a mi hermana el mejor amor de su vida, por cuidarla, por guiarla, por hacerla mejor persona, por potenciarla. Un honor haberlo conocido. Él sí que era un sensei, un persona con un don de gentes excepcional y una generosidad admirable. Mi cuñado tocó el corazón de muchísimas personas y estoy segura que aún en cielo seguirá inspirando a muchos.

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