La que necesitamos es la paz social

Es  paradójico que mientras que se viene llevando a cabo un proceso de paz en mi país con la guerrilla de las FARC, la sociedad esté más violenta que nunca. Eso significa que el deseo de paz de muchos que lo expresan es de dientes para afuera, porque su comportamiento frente a la misma sociedad, en su entorno familiar, laboral y/o social son totalmente distintos. Sí, en las ciudades hay muchos con pensamiento “guerrillero”.

Las calles en las ciudades están agotadoramente caóticas, la inseguridad nos mantiene impotentes, indefensos, indiferentes, y la tolerancia no parece una virtud para tener en cuenta por estos días.  Es cierto que no es un fenómeno exclusivo de Colombia, el mundo entero parece estar de remate, pero acá es mucho más complejo porque hay violencia en todas las penosas formas, sabores y colores.

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Es un tema de cultura que está desangrando este país; la cultura heredada por el narcotráfico y unos niveles de corrupción que solo son superables por unos cuantos países. Por desgracia, la trampa es vista como cualidad, la trampa se celebra, se festeja entre el padre y el hijo, desde que están pequeños. Tampoco hay verdadera consciencia de la trampa a pequeña escala: el que aún sabiendo que los dos mil pesos en el suelo se le acaban de caer a la señora de adelante, pero aún así los toma; la que toma la sombrilla de la silla, teniendo la opción de dejarla en la seguridad del lugar donde la encontró; el que se pasa un semáforo en rojo; la que coge el bebé de su hermana porque sabe que se beneficiará en la fila; el que sabe que le han devuelto 5000 pesos de más, pero opta callar porque no es su culpa el error; la que recibe un billete falso y su opción es “metérselo” a otro; el que no recoge los desechos de su perro  en el parque, porque no hay nadie que lo esté viendo. La cultura no desaparecida del narcotráfico (la que llaman traqueta) sigue generando pensamientos indeseables de ganarse la vida de la manera más fácil, eliminando el nivel de esfuerzo al mínimo posible. No se ha fortalecido el sentido de pertenencia, que el país es de todos, que la violencia nos deteriora y también nos puede convertir en víctimas, que los políticos son empleados nuestros y nos deben cuentas de todo.

Siento que este proceso de paz es más la obsesión de políticos y ciertos intelectuales, que la solución – como ellos lo creen y quieren convencernos – a nuestros conflictos (es un paso, pero tampoco un gran inicio). De  hecho, la poca o nula preparación posconflicto dejará al país sin guerrilla (si es que no aparece otra u otras), pero llena de más conflictos sociales. La paz comienza en casa y el Estado poco o nada presta atención a la gente y sus entornos, a la calles, sus falencias, sus familias, sus necesidades, su educación, su bienestar. Las guerrillas históricamente han surgido por la injusticia social. Si esto no se resuelve, si los políticos siguen así tan corruptos y oportunistas como siempre, la paz será tan solo un bello papel firmado, para orgullo de los que los gestaron.

Lo preocupante es que este deterioro social desbordado está afectando a gente mentalmente preparada, personas con conceptos claros sobre responsabilidad y solidaridad social, pero que terminan agotándose ante tantos conflictos o potenciales problemas que se presentan en la calle. Siempre he dicho que la gente que viaja en Transmilenio, por ejemplo, pone a prueba su paciencia y tolerancia cada día, pero el caucho tarde o temprano termina reventándose, bien sea para causar más violencia, o para que la gente buena del país prefiera irse.

Necesitamos primero firmar la paz social. Movilizar a la gente para causas sociales y no políticas (eso incluye el proceso de paz actual), reeducarlo, “desmovilizarlos” de sus iras, de sus complejos, de sus prejuicios, de su ideología traqueta y barata. La paz comienza en casa, pero los entornos son esenciales, sino seguiremos en una batalla campal que agrava problemas como la rabia, la discriminación y la misantropía.  Yo misma a ratos pierdo la tolerancia y termino odiando (guardada TODAS las proporciones) al vecino, a este o aquel. Soy casada, tengo pareja hace 15 años y mi hogar es un palacio que me mantiene en mi mejor energía, pero los desafíos de puertas hacia fuera son cada vez más difíciles de sortear. Esto sin duda es un mal síntoma. Tanto malo como lamentable.

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One response to “La que necesitamos es la paz social”

  1. Ana Julia says :

    Excelente análisis sobre la problemática social en que estamos, haciendo esfuerzo entre todas,para que la paz empiece desde nuestro hogares, para cuando salgasmos a la calle seamos mas tolerantes con nosotros mismos y los demás.

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