Cuento. Amor entre amigos

Acabo de abrir los ojos, me siento en otro mundo, pleno, tranquilo. Mi respiración lo confirma. Acabo de estar con la mujer que desde hace un año deseaba. En realidad, siento que es la mujer que estaba deseando toda mi vida.

Estoy de espalda a ella y no quiero voltearme. Lo de anoche sucedió más por voluntad de los tragos que por amor confirmado …de su parte.

Sus labios, sus ojos, su largo pelo. Esta mujer me enloquece. ¡Fue sublime! Ahora mismo me invade el temor. ¿Sabe lo que hizo?, ¿lo que hicimos? Mis pensamientos se ennegrecen aún más. ¿Le gustó?, ¿Me echará? (de su vida y apartamento), ¿me dirá que me aproveché de sus tragos?

cuento

No la siento despierta y sigo sin ganas de voltearme. No quiero que me sienta inquieto, no quiero ser yo quien la despierte, así que trato de calmarme recordando cada momento de pasión. Le besé cada parte de su perfecto cuerpo, lo hice con tanto deseo como amor verdadero. Espero que lo haya sentido así. La escuché decirme muchas cosas, pero no se si las dijo de corazón.

La incertidumbre ya me mata y el día no ha empezado. De repente tomo impulso, siento que es hora de hablar de lo que pasó. Quiero despertarla suavemente y decirle que espero que le haya gustado tanto como a mi y de que es hora de saltar al otro nivel. No quiero seguir siendo solo su amigo. ¡Ya estoy mamado de ese rol!

Me volteo enérgico y lo que creía era un cálido  y tranquilo cuerpo, era tan solo una almohada del lado de su cama. Me he quedado solo en su cuarto. Son las siete de la mañana.

Me dirijo al baño, me pongo una bata. Luego me siento en la cama. En realidad, imaginaba otro despertar. Imaginaba volviéndole a  hacer el amor. ¿La llamo?, ¿a dónde fue un domingo tan temprano? Comienzo a vestirme sin ánimo. La inseguridad, mi gran fantasma, me invade de nuevo. Comienza a burlarse de mi.

Salgo a la sala y encuentro en el comedor un desayuno. ¡Me emociono! Entro primero a la cocina y tomo una taza de café. Comienzo a silbar. Tomo mis primeros sorbos, lo saboreo, sonrío, respiro, me relajo. “Aquí no ha pasado nada”, me digo.

cuento-amor-entre-amigosVoy lentamente al comedor y veo una nota en papel rosa, su color favorito. Prefiero antes destapar el desayuno que me preparó.  Huevos, queso, jamón y buñuelos. Ella sabe que me encantan, ¡qué detalle! Comienzo a comer, tomo la carta. No la abro. A Fernanda la conozco hace 5 años, pero hace un poco más de un año volví a encontrarme con ella. Estaba más encantadora que nunca, tan divertida, tan sensual y sencilla.

Termino de comerme el segundo buñuelo. El desayuno más sencillo es el más delicioso en años. Llevaba ya un par de años en “sequía” y eso me volvió bastante inseguro. No soy un jovencito, ya me acerco a los 40, pero  varios NO (en mayúsculas porque retumban todo el tiempo en mi cabeza) han sido devastadores.

Abro la carta. Ahí está su letra, toda apretada, a ratos es difícil de entender. Se la conozco bien porque como amiga es muy especial con todos. Le gusta dejarle notas a sus amigos expresándoles su amor, o dejándoles pensamientos que se le ocurren en cualquier momento. La emoción me nubla el escrito. Tomo la taza de café y me siento en la sala.

La carta inicia así: “Mi adorado Fer”. Mi nombre es Fernando y solemos bromear con eso: “Ahí va el fercho y la fercha”, así cree ella que dice la gente. Después de un par de corazones y una carita feliz en lapicero azul, la carta continúa: “lo de anoche no puedo negarte que fue maravilloso, como amigo eres un excelente amante (una carita sonriente). ¿Sabes? Sin los tragos esto muy probablemente no hubiese pasado, pero pasó. Se lo que hicimos y la pasé delicioso”.

“Yes, yes, yes”. Es lo primero que digo empuñando mi mano y agitándola de arriba a abajo en señal de victoria, mientras me voy levantando del sofá por otro café. Quiero esperarla. No, no, no, mejor aún, llamarla, saber dónde está, recogerla, besarla, cogerla de la mano, traerla de vuelta a la cama.

Vuelvo a silbar, mientras sirvo otro café. Doy pasos acelerados de vuelta al sofá,  ahora sí quiero terminar el mensaje.

El otro párrafo dice: “Fer, anoche me demostraste que no me querías solo como amigo. Me hiciste sentir como una verdadera mujer amada. ¡Gracias por eso, de verdad! Pero Fer, ¿no crees que la embarramos?, ¿no crees que la amistad era mejor?, ¿no crees que nos dejamos llevar?”.

Mi desconcierto ahora es total. La mujer que quería para mi corazón me está reclamando, después de hacerle el amor, mi amistad. “Fer, no me tomes a mal, pero yo nunca te di esperanzas. Te amo y te necesito como amigo. De esto nunca hablamos. ¿Acaso, confundiste mi amistad? Perdóname, seguro fue por mí culpa. No quería esto para los dos. No ahora. Fer, olvida esto. Dejémoslo como una gran sorpresa de una noche de locura”.

Una gran lágrima se escapa. A esa mujer desde hace un año la vengo amando.  Unas horas cambian mi mundo; estoy perdiendo a mi mejor amiga y la mujer que quería como mi novia. “Sorpresa de una noche de locura”, el piropo más desconcertante para un supuesto buen amante.

” Mi Fer, se cómo debes sentirte, pero debo ser sincera contigo. ¡Lo siento! Tu sabes que no quiero compromisos, quiero seguir sola y sin ataduras. No quiero casarme, no quiero hijos y contigo no lo lograría. Después de lo que hicimos anoche, tu eres sin duda una gran tentación, pero no pienso cambiar mi estilo de vida por muy tentador que sea lo que me ofreces. Tu lo sabías, mi corazón es inconquistable”.

Al terminar esto, la fuerza de mi brazo es casi nula. La taza está ahora a un lado del sofá. Derrotado comienzo a sentirme de nuevo. Estoy confundido con sus alabos de una noche de pasión. Pero claro que sabía de su independencia, pero claro que sabía eso de no querer una relación estable, pero pensé que el amor podía hacerla cambiar. Ahora resulta que me acaba de decir que prefiere la soledad, a un hombre que la ame incondicionalmente.

El último párrafo que leo por inercia dice: “Fer, perdóname. Cierra con doble llave, por fa, y déjame las llaves donde ya sabes. Acéptame este beso”. Es un beso pintado con labial (rosa).

Me encuentro echando la carta al bolsillo, salgo del apartamento, me pesa la ropa y hasta los zapatos. ¿Quién entiende a las mujeres? Anoche simplemente le demostré todo mi amor.

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